LOGOS DE LA RAZA PUERTORRIQUEÑA

Meditaciones aperiódicas sobre mi lengua

o sobre lo que de ella pudiera quedar

 

por el Dr. Rafael Andrés Escribano

      logofilo@logofilo.com

     www.logofilo.com

 

Parte I

 

viernes, 30 de enero de 2004

<<La palabra cumpleaños tiene la misma forma en singular y en plural.>>

            Dígalo así – El Nuevo Día (“Un gran periódico”)

 

Perdonen mi ignorancia pero ¿será acaso alguna costumbre criptopuertorriqueña que desconozco decir “cumpleañoses” o será que nos encontramos, sencillamente, ante otra cruel edición del “Dígalo Así” de El Nuevo Día? Uno nunca sabe, y como nunca me han invitado, que yo recuerde, a un cumpleaños de hermanos mellizos, trillizos, polillizos o multillizos, pues no sé si será que los editores de El Nuevo Día  se refieren a una manera junioflamayosamente nueva de hablar de tales eventos. Si alguien sabe, que por favor me ponga al nuevo día, digo, al día.

 

Pero tal parece que no es sino otra edición de las de todos los días del “Dígalo Así” de El Nuevo Día, que cuando no le encuentran supuestas deficiencias a nuestro español, pues qué remedio, se las inventan. Y es que el espectáculo tiene que continuar en El Nuevo Día y el “Dígalo Así” de hoy parece que no puede ser excepción.

 

Ante las anónimas voces de los anónimos autores del “Dígalo Así” de El Nuevo Día, me viene esa interrogación tan pintoresca como acertada de El Caballero Don Juan Manuel Montenegro en el Romance de lobos, comedia bárbara, de ese puertorriqueño honorario que se llama don Ramón del Valle-Inclán:

 

“¿Quién me habla? ¿Sois voces del otro mundo? ¿Sois almas en pena, o sois hijos de puta?”

(http://www.gutenberg.net/1/0/5/0/10506/10506-8.txt)

 

Digo, si a estas almas en pena que elucubran para secretar sus ectoplásmicos “Dígalo Asíes” se les hubiera ocurrido bajar con alguna condescendencia de tipo “Se dice los lápices y no los lápiz”, pues le dejan a uno, como puertorriqueño bien nacido, espacio para decir “Bendito, los pobres”, porque al fin y al cabo, pues sí, de pequeños decíamos, u oíamos decir a otros niños puertorriqueños, “los lápiz” y además siempre quedan puertorriqueños que, conservando la gracia de su bello lenguaje infantil, siguen de adultos diciendo “los lápiz”.

 

Pero no. Hoy a los esperpentos del “Dígalo Así” no se les ocurrió nada por el estilo, así que decidieron corregir a inexistentes puertorriqueños que pudieran decir “cumpleañoses”.

 

Ah, pero, Papi, me imagino a uno de mis hijos diciendo, quizá a los puertorriqueños que quieren corregir hoy los del “Dígalo Así” es a los que cuando un niño cumple su primer año de nacido, por ser ese el único año cumplido, dicen y celebran el “cumpleaño” de la criatura en vez de decir y celebrar, como manda la Real Academia Española, su “cumpleaños”.

 

Y, claro, ante tan gallardo despliegue de acumen de mi propia pincelada, me tengo que quitar la pava y responderle, también a lo imaginario, pues tienes perfecta lógica y razón, hijo querido, a la verdad que eres un puertorriqueño bien nacido –no como esas pobres almas en pena del “Dígalo Así” de El Nuevo Día, por las que no te olvides de vez en cuando rezar a ver si un día dejan de rechazar el sublime don de la puertorriqueñidad.

 

 

Parte II

 

Un buen amigo, profesor de inglés en una universidad aquí en Puerto Rico, me comenta amablemente sobre lo que arriba he dicho:

                                                                                                                                                    

<<Hola, Rafa.

De hecho en la República Dominicana aparentemente se ha desarrollado un nuevo patrón del plural español entre algunos hablantes. Para los hablantes con cero [s] posnuclear, a base del patrón " una ve - do vece", "un lapi - do lápice", se han creado formas tales como "un café - do cafese" y hasta "una muchacha - do mucháchase". Me imagino que para aquellos hablantes, "cumpleaños" caería bajo el mismo patrón.

Aquí he visto evidencia de esta tendencia solamente con las palabras "té - tese(s)" y "revolú - revoluse(s)".

Un abrazo,

X>>

 

 

Y creo que estos comentarios no sólo no tienen que estar en conflicto con lo que arriba digo sino que me dan pie para aclarar, aunque sea someramente, varios puntos.

 

Primero, Puerto Rico no es la República Dominicana, aunque, como puertorriqueño bien nacido, siempre le pido a Dios y a los Dioses, que bendigan a los dominicanos, y a su santa patrona, la Virgen de Altagracia, que los proteja y los ilumine. 

 

Segundo, esta tendencia que menciona nuestro amigo no es ni local ni nueva en el español, sino universal y milenaria. Para los sustantivos oxítonos terminados en vocal (por ejemplo, papá, café, coquí, bongó, revolú), la competencia entre los diferentes tipos de reglas para la formación de su plural es prácticamente universal en español. Cada dialecto (y cada idiolecto, cada registro, cada contexto...) escoge la regla o las reglas que le convengan según su particular personalidad y según cada caso lo requiera. De ahí, que se puedan dar hasta por lo menos tres posibilidades, por ejemplo, bongós/bongoes/bongoses (si bien, en última instancia siempre va a depender de cuál sea la vocal final concreta, la palabra concreta, la persona concreta, el contexto concreto, etcétera). La universalidad de este fenómeno la sugiere, entre otras cosas, el hecho de que los niños, al aprender español, independientemente del dialecto que terminen adoptando como adultos, se sirven de –y juegan con– esas tres maneras de formar el plural. Y muchos adultos seguimos jugando con todas ellas. Sobre su carácter milenario, comento más adelante.

 

Tercero, en el español de Puerto Rico (como en los demás dialectos españoles del mundo), el hecho de que no se pronuncie una "s" final de sílaba no quiere decir automáticamente que el valor fonológico de esa "s" desaparezca. Ese valor fonológico puede continuar operando bajo la forma de "h" (expiración), bajo la forma de un golpe de glotis (un sonido sutil producido por una especie de aplauso de las cuerdas vocales), bajo la forma de una alteración de la consonante siguiente (por ejemplo,  reduplicándola), bajo la forma de una alteración de la vocal precedente (por ejemplo, pronunciándola más abierta), etcétera. 

 

Cuarto, para entender estas características del español de Puerto Rico hay primero que nada que quererlas entender y no simplemente querer eliminarlas, que es a lo que desgraciadamente se dedican las almas en pena del "Dígalo Así" de El Nuevo Día, ante cuya actitud debería indignarse cualquier lingüista con un poco de vergüenza, que en en estos tiempos se encuentran cada vez más perseguidos y en peligro de extinción, como el resto de las personas con vergüenza que todavía puedan quedar por ahí.

 

Quinto, ya en el español de los godos medievales, hace más de mil años, sin el que no se puede entender el español que aquí en Puerto Rico se habla desde el siglo XV, existían estos procesos (es decir, la sistemática modificacion –y, a menudo, eliminación– de la "s" final de sílaba y hasta en otras posiciones menos esperadas, como a principio de palabra) con plena fuerza y regularidad desde hacía siglos. Y fueron precisamente los godos medievales los creadores de la lengua española, así como de las demás lenguas romances, en tanto que lenguas diferentes del latín. Pero hoy día, ni siquiera para obtener un doctorado en español se requiere el estudio de la lengua gótica y mucho menos de la gran historia y cultura de los godos, por lo que no es de sorprender que muy pocas personas educadas tengan hoy día ideas articuladas sobre lo que es en realidad el español ni de lo que es, por ejemplo, el jíbaro puertorriqueño... y todavía intentan en vano derivar el español a burrunazos a partir del latín clásico. No se enteran –ni los dejan enterarse– que el llamado latín vulgar no era otra cosa que latín en boca de godos. Cuando entran en escena los Reyes Católicos, ordenan reconstruir, artificialmente y a sabiendas, una lengua española, muy diferente a la entonces hablada en la península ibérica (de la misma manera y con los mismos propósitos que, por ejemplo, crearon sistemas estandardizados de pesos y medidas), es decir, una lengua común para la comunicación eficiente entre los diferentes reinos españoles que constituían el imperio, cosa, por lo demás, perfectamente justificable desde el punto de vista de la construcción y mantenimiento del Imperio Español. (Los detalles de este fascinante proceso espero poderlos publicar dentro de poco en www.logofilo.com.)

 

 Sexto, es precisamente por lo antiguo y arraigado de estas características de nuestro español por lo que hay que tratar de entenderlo en lugar de tratar de simplemente eliminarlo, dado que es precisamente a partir de esa tradición viva de nuestra lengua –así como a partir del resto de lo que de vivo queda de nuestras demás tradiciones– que podemos entender de dónde queremos venir y hacia dónde queremos ir, y, más importante aún, es el continuo redescubrimiento de esa tradición lo que nos permite entender quiénes queremos ser ahora y a cada momento.

 

En el séptimo, aunque hay mucha más tela que cortar sobre todo esto, sigo el humilde y sabio ejemplo de Dios, que después de crear el mundo descansó.

 

CONTINUARÁ

 

Rafa

 

Dr. Rafael Andrés Escribano
Hasting BA-8, Garden Hills Norte
Guaynabo, Puerto Rico 00966
787 782 4138
logofilo@logofilo.com
www.logofilo.com